El Día Naranja

 

marla-dia-naranja-300x300Estos días he estado leyendo noticias que ya se han vuelto cotidianas en nuestro país sobre muertes por violencia de género.

He perdido la cuenta de cuantas van en este año. Tampoco parece importar, a la vista de lo poco o nada que se avanza en tratar de resolver esta lacra del nuevo siglo.

Antes pensaba que era cosa de personas mayores, de aquellos que habían nacido, crecido y vivido en el siglo pasado y el anterior, donde la mujer estaba continuamente supeditada a los caprichos del hombre. Pensé, de manera ingenua, que a medida que avanzaban los años, estábamos desterrando esa idea errónea de nuestro subconsciente colectivo. Idea equivocada. Poco o nada se ha avanzado.

De forma global el problema es la instalación de manera inconsciente del pensamiento de una sociedad ( sociedades) patriarcal. Se ha interiorizado hasta el punto en el que nos encontramos hoy en día: la vida de una mujer vale tanto como así lo considere el hombre que está con ella.

Tenemos un gran problema de respeto por el ser humano, y más concretamente por los más débiles, ya sea por edad, como los niños, o por instalación en el pensamiento colectivo de la idea errónea de que alguien lo es por cuestión de género, como las mujeres.

No podremos desterrar esta lacra hasta que desaprendamos a hacer las cosas como se hacían hace siglos.

No lo haremos mientras el hombre siga creyendo que está en potestad de decidir sobre la vida de otros sólo porque es hombre.

No lo haremos mientras la mujer no se respete lo suficiente a sí misma como para reconocer un abuso de poder contra ella.

Afortunadamente hay hombres y mujeres que luchan y trabajan para eliminar este problema. Porque es un problema, y gordo, en todo el mundo: en las sociedades industrializadas, y en las pequeñas aldeas donde no hay agua corriente.

Aquí nos llegan, nos sorprenden y nos repugnan, las noticias de ablaciones en África, violaciones en zonas de conflicto bélico, y otros crímenes cometidos contra los débiles en países que son cercanos, pero lejanos en cuanto a desarrollo de la sociedad. Parece que aquí no tenemos esos problemas, que podemos ayudarles ( y debemos) porque nosotros estamos libres de ese comportamiento tan primitivo.

El problema es que el diagnóstico es errado.

Aquí si tenemos esos problemas, solo que “actualizados” a una sociedad industrial del siglo XXI.

No podemos ayudar de manera efectiva si nosotros mismos tenemos, y somos parte, de ese problema. No podemos hacerlo mientras mueran mujeres y niños a manos de sus maridos y padres. Ni mujeres jóvenes a manos de sus parejas. Estos datos nos deberían haber puesto sobre la pista de que algo grave está sucediendo; la idea del principio, la de que esta lacra pertenecía a siglos pasados, se desmorona cuando leemos la noticia de una muerte más de una mujer joven. Cuando hay que avisar de que ” si tu novio o pareja lee tu whastapp te está controlando”.

Algo no estamos haciendo bien, como sociedad, si no somos capaces de dotarnos de unos valores de igualdad, de respeto al prójimo, sin importar edad o sexo. Si no somos capaces de erradicar esta lacra.

No podremos ser una sociedad sana, libre y feliz, mientras haya quien, por razón de género o edad, no se sienta segura al andar por la calle.

Desde los colegios, desde la educación reglada, tenemos que empezar a cambiar las cosas. Desterrar estereotipos y enseñar a nuestros hijos e hijas a respetar y ser respetado. A que nadie vale más por donde ha nacido, ni con que género. Pero no es potestad única de las instituciones cambiar esto. Las familias tienen el papel más importante: tienen la responsabilidad de dar ejemplo y reforzar en casa, aquello que en los centros se les debería enseñar.

No voy a tirar por tierra, aquí, todo el esfuerzo y sacrificio que han hecho hombres y, sobre todo, mujeres, a lo largo de la historia para reivindicar el papel de la mujer como igual. Cada vez que hay elecciones ( y ahora tenemos unas a la vuelta de la esquina), no debemos olvidar que, hasta no hace mucho, la mujer en este país no tenía derecho a voto. No podemos olvidar la lucha por acabar con la idea de que la mujer solo está para cuidar de los hijos, la casa y el marido. No es dueña ni de su cuerpo, ni de su destino. Se está cambiando esta idea pero, lejos de estar alcanzando el objetivo, estamos apenas “gateando” en este asunto.

Creo que quizá la causa más importante de que no haya resultados óptimos en el problema de la violencia de género, y de los feminicidios, es que, a pesar de haber logrado muchas cosas, no se ha hecho de manera conjunta: Asociaciones, Partidos Políticos, Gobiernos, ni con unos objetivos y métodos comunes y consensuados. Más bien está sirviendo como arma arrojadiza para usar en el juego del “y tú más” que tanto conocemos aquí. Nos estamos olvidando de las víctimas, potenciales y reales.

No hay correlación entre el esfuerzo de Asociaciones en defensa de Mujeres Maltratadas, algunos ayuntamientos y sus agencias, con la vía judicial.

El asombro que ya, desgraciadamente, no causan las noticias sobre muertes violentas por causas de género, lo tienen que causar las que informan de las sentencias, o procesos jurídicos de violencia de género. Cómo les hemos ido dando un poder excelso a magistrados fuertemente arraigados a ese pensamiento patriarcal, tan dañino, que alimenta y perpetua la causa por la que la víctima está siendo juzgada.

Visto que el problema no es sólo nuestro, sino que está extendido por todo el mundo, en el año 2008 el Secretario General de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, propuso a los paises miembros un programa para la erradicación de la violencia hacia las mujeres y niñas. El programa ” UNETE”.

Este programa está funcionando, de manera institucional y de asociaciones, en países de los aquí llamados ” no democráticos”, por ejemplo, Cuba. Allí, desde el triunfo de la Revolución, se ha integrado perfectamente, no sólo a la mujer, sino los temas de los que he estado hablando, como parte fundamental de los objetivos del Gobierno. De esta manera, asumir la parte que le toca seguir de dicho programa es tarea fácil. Para muestra, este botón.

¿ Seremos capaces, aquí, de dar un paso al frente y unirnos para acabar con esta lacra?

Sinceramente, espero que sí, empezando por unirnos a celebrar el Día Naranja.

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